martes, 30 de noviembre de 2010

ENTRE CABALLOS

Vuelta a Sevilla a cumplir el ritual de cada Noviembre, el SICAB, lugar de peregrinaje de los amantes de los caballos. No es una feria ganadera al uso, pues pese a que puedas acariciar a un semental de 4 años que ha sido vendido por 1 millón de euros¡¡increible!!.
Ciertamente es un lugar de encuentro para ganaderos, donde las transacciones se disparan y el precio de los caballos según sus actuaciones en los distintos concursos puede subir más de lo que nuestro querido IBEX-35 lo hará jamás, pero no son sólo aficionados a los caballos los que ahí se citan, sino que una fauna de lo más graciosa, incluyendo al escritor de éste blog, se dan cita esa semana en el Palacio de Congresos.
Es muy curioso comprobar como una parte muy importante del recinto está dedicada a las tiendas, de forma que las mujeres que acompañan a sus maridos puedan entretenerse mientras éstos se dedican a lo que les gusta, ver caballos, tomar cervezas y reirse con los conocidos. Puede sonar un comentario machista pero sólo refleja la pura realidad. ¿Que pinta un stand de trajes de gitana en un acontecimiento dedicado al caballo?, muy sencillo, cuando entras ahí sientes muchas veces que has retrocedido en el tiempo, las patillas cortijeras lo invaden todo y descubrimos esa apoteosis de la laca y las mechas rubias que tanto se echa de menos en la ciudad.
Básicamente el recinto se divide en tres zonas, la de las tiendas, la de las yeguas y la de los ganaderos. De la primera ya he hablado y es donde más gente puedes encontrar, incluida una maravillosa señora paseando un auténtico Birkin de Hermés. Desde luego es año es la tónica general, puesto que el uniforme oficial tiene como emblema Barbour o cualquiera de esas marcas que llenan de bordaditos la ropa, especialmente con la bandera de España. ¿No se cansan de parecer un mantón de manila cutre?.
Si hay algo que realmente me sorprende del SICAB, no es la gente campera, que al final son los que disfrutan de ese evento sino una nueva especie que está colonizando el lugar. Son unos seres patilargos, de sexo femenino normalmente ataviados con prendas muy escotadas, dignas todas ellas de un documental en el National Geografic, o mínimo un callejeros.
Pues bien, se ha puesto de moda que las jovencitas vayan en busca de marido presentando sus mejores armas, que normalmente no se encuentran encerradas en su cerebro. Por momento me sentía inmerso en una de mis amadas novelas de Jane Austin, de pronto todo se convierte en casamientos, en valorar a los hombres por lo que ganan y en los juegos de seducción. Pero no, no estoy en el Londres que cabalgaba entre el XVIII y el XIX, estoy en Sevilla muerto de risa viendo como una chica puede quererse tan poco como para exibirse cual jarrón de Sèvres.
No, no estamos en Ascot, donde duquesas y marquesas lucen extravagantes sombreros de Philip Tracey, estamos en Sevilla viendo como Latoya Jackson se sienta al lado de la Duquesa de Alba.
Pese a todo me encanta, es un momento que compartir con mi padre y divertirme un rato. Y por supuesto, yo formo parte de toda esa gente que acude cada año, aunque por ahora voy sin pajarita.

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