Acabo de recibir un regalo inesperado, una nesspreso. Esta maravillosa maquinita hace un café que me recuerda a los tomados en la galeria Vittorio Emanuele en Milán, esos maravillosos capuccinos que tomaba rodeado de prendas de lujo. Ciertamente es un capricho y se lo debo a una gran amiga, gracías a la cual mis mañanas empiezan sentado en la cocina degustando un café espolvoreado con cacao, pero son esas pequeñas cosas las que convierten un día en especial. Ella es toda una posh machine, desde el diseño de la máquina al hecho de tener que ir a una boutique a comprarte las cápsulas, así que la tengo colocada junto a la ventana de la cocina, para que pueda lucirse, a la espera de tener mi mi propia casa y buscarle su propio espacio.
En cambio hay cosas que hacen que todo lo chic que ronda por tu cabeza caiga sobre la cabeza como un aguacero inesperado y Córdoba está demostrando ser un maravilloso campo de cultivo para esas situaciones.
El otro día iba al banco a hacer unas gestiones, la situación prometía pues sólo había una persona y aunque no tuviese prisa las colas me desesperan, quizás por eso quizás sea siempre tan puntual. El tiempo pasaba y el caballero que venía a hacer una gestión que podría haber hecho en el cajero automático, estaba tan tranquilo departiendo con con el empleado que no se dieron cuenta de que la cola empezaba a aumentar miestras ellos se contaban el fin de semana.
El tiempo pasaba y los murmullos aumentaban entre la gente que formábamos la cola, aunque eso sólo conseguía que pasasen de un tema a otro. Cuando finalmente el señor pidió sacar 100 euros de su cuenta no podía estar mas sorprendido, estar esperando 20 minutos para que un hombre hiciera una operación que fácilmente podría haber hecho en el cajero automático. De nada me sirvió la preciosa bufanda que llevaba, la frívola mañana se me había caido encima como una tonelada de plomo.
No contento decidí irme a las rebajas, dipuesto a alegrar el día con bolsas llenas de ropa nueva. Craso error pues olvidé un pequeño detalle y en que en éste país las rebajas son un claro exponente del timo nacional. Mi primera parada fue una tienda "low cost" dónde no quedaba absolutamente nada, todo era nueva temporara, como si el huracán que se llevó la casa de Doroty en el mago de Oz hubiese hecho una paradita en mi ciudad. Luego decidí encomendarme a Santa Vicky Becks y lanzarme de lleno a las grandes marcas, para las cuales un 10% ya es mucha rebaja, sobre todo si se trata de prendas de otras temporadas que intentan colarte como nuevas.
Así que me volví a casa, compuesto y sin compras así que me acordé de uno de mis grandes iconos de la pantalla y emulando a Holly Golightly entré en mi pastelería favorita y me compré un croissant. No me lo tomé delante de Tiffanys, pero me di el gustazo de tomármelo en mi terraza sintiendo el solecito de éste invierno tan frio, eso si que es lujo...

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