Visto que mi éxito en las rebajas ha sido nulo y ante capital suficiente como para destinar mis eurillos a la compra de acciones decidí invertir en algo que realmente vale, la cultura. La tentación era enorme, ver éste magnífico ballet y volver a Sevilla, así que sin pensármelo dos veces cogí mi americana y mis prismáticos de ópera y me fui rumbo a la ciudad de mis azarosos años de estudiante.
Como aperitivo a tan estupenda noche tuve a dos personas a las que quiero mucho y que en Mayo veré casarse, eso si novatos en el mundo de ballet por lo que la presión era enorme aunque disfrutaron tanto como yo. Ésta vez nos sentamos en paraiso, en la última fila aunque es de agradecer la estupenda visibilidad del teatro y la utilidad de mis pequeños prismáticos que me permitieron ver la magnífica linea de Arabésque de la bailarina que interpretaba a la pérfida princesa o la altura de los saltos de un guerrero que aportó una gran calidad al evento.
Estuvimos sentados en lugares separados por lo que a mi derecha tenía a una adicta a la blackberry, la cual demostrando el grán interés que tenía la obra no tardaba ni medio segundo en hacer sus dedos volar mandando mensajes en ese infame invento que es el wasup, terminaban los bailarines en posición a la espera de los aplausos y la niña sacaba su telefonito supongo que para contarle a alguna amiga lo deseosa que estaba de salir del teatro para irse todas de botellón. Preciosa acompañante si no decidía mirar a mi izquierda, pues una señora decidida en convertirse en intrépida paparazzi no paraba de grabar con su camarita de 60 euros de Carrefour un espectáculo en el cual se pedía expresamente no grabar ni hacer fotografías.
Ante tan alentador panorama, muy alejado de los tiempos en los que me sentaba en butaca y acababa axfixiado por el visón de la señora sentada a mi lado, nos fuimos en el intermedio raudos y veloces al bar, donde una copita de vino y una media noche nos hizo hablar sin parar de cómo íbamos a imitar a los bailarines cuando saliésemos. Impagable oir a mi amiga decir que ella estaba dispuesta a hacer un espaguetti (alias espagat) o un fouetté, si nos descuidamos desbanca a Tamara Rojo en el Royal Ballet.
El acto del mundo de las sombras fue maravilloso, si bien en el primero el cuerpo de baile daba muestras de poca coordinación en éste verlas bajar por la rampa en posición fue toda una delicia. En el siguiente entreacto bajamos al bar pricipal donde la crisis se notaba por la fácil que fue conseguir una copa, no hubo cava ésta vez pero creo que en Madame Butterfly no nos privaremos. Ésta temporada pocos visones, mucha perla falsa y como siempre que se representa ballet muchas niñitas que dan sus primeros pasos en el mundillo pero que acabaron la mayoría durmiendo sobre su butaca, aunque las más despiertas no dudaban en explicar a sus padres cada movimiento.
Tras disfrutar con el ballet nos fuimos a cenar a un sitio bastante recomendable que supo mezclar la vanguardia con lo tradicional yq ue terminó con una ronda de postres que hizo brillar mis ojos de goloso, si la creme broulé de citronella fue una delicia, la copa de tres chocolates una locura.
Volver a Sevilla es siempre un placer y si lo haces para ver a amigos tan estupendos mucho mejor, así que en Junio no me perderé los desamores de Madame Butterfly, porque la economía no me da para disfrutar de la locura de Lucía di Lammermor.
:) Recuerdo cuando nosotros la vimos en Milán, me alegro mucho de que hayas disfrutado tanto. Un besazo hermano!!
ResponderEliminarSiento que tuvieses esas compañeras de butaca tan chungas, pero me he reído mucho imaginándomelas... Las odio. Sin haberlas visto.
ResponderEliminarLa compañía fue divertida cuanto menos, aunque la próxima no te libras y te vienes, aunque las chungas pusieron el listón muy alto como compañeras de butaca.
ResponderEliminarHermanita, volveremos a la Scala pero ésta vez en un lugar en condiciones.
La próxima es la mariposa en junio, ¿no? ¡Me apunto!
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