domingo, 10 de julio de 2011
MIDNIGTH SUMMER DREAM
" Si esta ilusión os ha ofendido,
pensad, para corregirlo,
que domíais mientras salían
todas estas fantasías.
Y a éste pobre y vano empeño,
que no ha dado más que un sueño,
no le pongáis objeción,
que así lo haremos mejor.
Os da palabra este duende:
si el silbido de la serpiente
conseguimos evitar,
prometemos mejorar;
si no, soy un mentiroso.
Buenas noches digo a todos.
Si amigos sois, aplaudid
y os lo premiará Robin."
Con éstos versos termina una de las obras de Shakespeare, El Sueño de una Noche de Verano, una historia de enredos cuyas marionetas se mueven gracias a las hábiles manos de Oberón y Titania, rey y reina de las hadas y durante una noche de verano y bajo la atenta mirada de la luna los equívocos se suceden. Es el fiel ayudante de Oberón, el duende Puck el que cierra la obra con unos geniales versos que consiguen arrancar la sonrisa del lector.
El tórrido verano ya ha llegado y si durante el día paseamos aletargados bajo el azul cielo de la ciudad califal, es durante la noche y bajo el amparo de la brisa cuando las mentes y los sentidos se despiertan. Son noches para pasear sin rumbo por las callejas, encontrando rincones olvidados y soñando entre piedras centenarias que respiran alividas con el frescor de la noche.
Son éstas noches de verano, en las que nos sentamos en terrazas frente al río y alargamos las conversaciones hasta la madrugada cuando nuestra mente se despierta y una idea siempre recurrente golpea nuestra cabeza:
hay que salir de la ciudad.
Nunca es tan fácil encontrar aparcamiento, la ciudad está desierta, salvo las tiendas que bajo el auspicio de sus aires acondicionados congregan a todos aquellos deseosos de encontrar una ganga en las rebajas. No nos engañemos, pese a los insufribles consejos que nos dan los magacines contándonos la vieja historia de señoras peleándose por una prenda(el otro día volví a escuchar éstas memeces en la radio de boca de una presentadora a la que consideraba respetable). ¿Quién necesita pelearse por algo pudiéndolo comprar online?. Yo he tomado la firme resolución de no poner un pie en las tiendas, mi armario está repleto y pese a que no puedo decir que no a unos nuevos mocasines o a una de mis adoradas pajaritas, en tiempos de crisis prefiero viajar a comprar ropa. Se que extrañarán mi presencia en Purificación García, pero seguro que pueden sobrevivir sin mi, aunque en pocos verán su ropa mejor puesta que en mi humilde persona.
Ahora la gente emigra a la playa, cargados con sus sombrillas de colores, la nevera, la sandía y la abuela, dispuesto a convertir un trocito de arena en el salón de su casa, del norte al sur la historia se repite, madres gritando a los niños que nadan demasiado lejos, amigos jugando a las palas y esa explosión de modelos tropicales llamados bikinis que siempre se combinan con los complementos. Salvo que estemos en Marbella o Ibiza donde los bikinis se convierten en esa cosa tan absurda llamada trikini y las famosas bajan a la playa subidas en zapatos imposibles.
Mi sueño de una noche de verano se aleja mucho de eso, pues está lleno de silencio interrumpido por el romper de las olas o el click de la cámara de fotos, mi vista se pierde en un bosque sin fin lleno de árboles y no de sombrillas y en mi mano una copa de un vino blanco portugués que me recuerda a una terraza de Lisboa. Mi maleta está llena de libros en vez de bañadores, en mi mochila un lápiz y una libreta comparten sitio con una tableta de chocolate y mis pies camina tranquilos lejos del asfalto.
No se donde está ese lugar, pero el próximo mes pienso encontrarlo.
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