Día de
pajarita y gafas de sol ya que si uno va a Omotesando no tiene más remedio que
dar lo mejor de si mismo antes de poner un pie en uno de los edificios más
bonitos que he visto. El lujo es el lujo y aunque pobre no está mal de vez en
cuando dejarse llevar por el entorno.
Nos
encontramos en una de las calles más lujosas, donde las grandes firmas en vez de
tener tiendas tienen edificios diseñados por los mejores arquitectos. Iba
dispuesto a disfrutar de buena arquitectura, escaparates impresionantes y ropa
prohibitiva de la que se mira pero nunca se toca, uno de esos baños de lujo que
de vez en cuando me he dado por Madrid acompañado por mi doble. Y como Madrid
está en todos sitios cual fue mi sorpresa cuando al ver la tienda de Loewe pude
ver una foto en el escaparate a esas dos gemelas imposibles protagonistas del
anuncio más comentado y criticado en el mundillo gafapasta. Si el anuncio me
pareció un despropósito carente de todo sentido estético y demostrando que la
marca no sólo sigue sin renovar sus productos, sino que ahora nos venden un
nuevo público que no contentos con llevar el mismo bolso que sus abuelas, van
de modernos exhibiendo su carencia neuronal.
Mal
empieza la mañana si la marca cuya tienda estaba desierta tiene que recurrir a
semejante campaña para venderse en el extranjero, inocente de mi pensé que el
anuncio sólo se vería en España. De todas formas sólo hubo que andar unos
metros para olvidar semejante imagen y caer rendidamente enamorado de un jersey
poblado de lindos perritos bordados cuya culpa recae en una tienda inglesa Ted
Baker. No bastó con que al día siguiente fuese mi cumpleaños o que el precio no
fuese desorbitadamente caro, la crisis es la crisis y no hay lugar para
caprichos, pero en mi próxima visita a Londres buscar esa tienda con devoción y
rebajas. Un mostrador lleno de teléfonos antiguos, un suelo de madera hecho a
medida y unos pañuelos de bolsillo que seguirán apareciendo en mis sueños
podría ser una somera descripción de éste nuevo descubrimiento.
El
paseo continua entre la arbolada fachada de Tod´s producto de Toyo Ito, que
consigue crear un edificio icónico con un diseño de fachada espectacular.
Frente al exquisito Dior de SANAA me hago una foto mientras un grupo de
japoneses se quedan mirando, ¿será la barba, la pajarita o todo el conjunto?.
Yo sigo embobado mirando ese ejercicio de sencillez de una marca cuyo lema es
justamente lo contrario, quizás por eso me gustase tanto al ser capaz de decir
tanto con algo aparentemente sencillo.
Pero
en éste paseo de lujo y arquitectura hay que mirar atrás y justo en sentido
contrario ir en busca de un icono de resplandeciente vidrio que con sus
ventanas romboidales exhibe su belleza como una caja llena de tesoros, uno no
va a Tokyo y no entra a ver el edificio de Prada porque te perderías uno de los
mejores tándems entre arquitectura y moda. Los arquitectos Herzog & De
Meuron consiguen reflejar todo lo que Miuccia lleva años haciendo sobre la
pasarela, riesgo, imaginación y buen gusto de forma que estás frente a ese
edificio donde los vidrios se curvan para reflejar la luz de mil formas diferentes
y que una vez dentro te hace mantener esa sensación prestando muy poca atención
a una colección de zapatos masculinos que Miuccia se podría haber ahorrado,
¿son necesarias tantas tachuelas de colores para destrozar un clásico Oxford?.
Salimos
de Prada y nos encontramos con una exposición sobre la Little black jacket de
Lagerfeld, el diseña, hace las fotos y consigue que una corte de guapérrimas y
guapérrimos posen para él, desde la excesiva Sara Jéssica a un virtuoso
violinista que bien podría pasar por modelo. Las fotos preciosas y al salir te
regalan un poster, yo me quedo con Vanessa Paradise, E. con una japonesa
cubierta de cuerdas.
Después
de tanto lujo nos vamos a dar un baño de realidad, pues un amigo de E. nos
invitó al hanami de unos amigos en el parque Yoyogui, es decir una mezcla entre
picnic y botellón que a los japoneses les gusta hacer de forma muy civilizada
bajo los cerezos. Gente había muchísima, pero ni rastro de las flores del
cerezo. Lo pasamos de maravilla entre las conversaciones de españoles
contándonos sus experiencias viviendo en Japón y la de los japoneses,
simpáticos y divertidos aunque con un inglés terrible que costaba mucho
entender. Totalmente desinhibidos por el alcohol podías verlos bailar, hacer un
pequeño teatro delante de la gente o volver derrotados a casa, por no hablar de
la gente disfrazada. Gente vestido de rockabilly bailando para un público
entregado, niñas góticas conversando en una esquina o todas esas muñequitas
manga de tirabuzones imposibles y vestidos abullonados. No sabías donde mirar
porque todo era sorprendente, saber que su día a día es totalmente diferente y
que llegado el fin de semana se olvidan de todas sus reglas y se lanzan a la
fantasía. Todo un espectáculo.




