martes, 24 de abril de 2012

LAS GEMELAS DE LOEWE VIAJAN A TOKYO




Día de pajarita y gafas de sol ya que si uno va a Omotesando no tiene más remedio que dar lo mejor de si mismo antes de poner un pie en uno de los edificios más bonitos que he visto. El lujo es el lujo y aunque pobre no está mal de vez en cuando dejarse llevar por el entorno.

Nos encontramos en una de las calles más lujosas, donde las grandes firmas en vez de tener tiendas tienen edificios diseñados por los mejores arquitectos. Iba dispuesto a disfrutar de buena arquitectura, escaparates impresionantes y ropa prohibitiva de la que se mira pero nunca se toca, uno de esos baños de lujo que de vez en cuando me he dado por Madrid acompañado por mi doble. Y como Madrid está en todos sitios cual fue mi sorpresa cuando al ver la tienda de Loewe pude ver una foto en el escaparate a esas dos gemelas imposibles protagonistas del anuncio más comentado y criticado en el mundillo gafapasta. Si el anuncio me pareció un despropósito carente de todo sentido estético y demostrando que la marca no sólo sigue sin renovar sus productos, sino que ahora nos venden un nuevo público que no contentos con llevar el mismo bolso que sus abuelas, van de modernos exhibiendo su carencia neuronal.

               Mal empieza la mañana si la marca cuya tienda estaba desierta tiene que recurrir a semejante campaña para venderse en el extranjero, inocente de mi pensé que el anuncio sólo se vería en España. De todas formas sólo hubo que andar unos metros para olvidar semejante imagen y caer rendidamente enamorado de un jersey poblado de lindos perritos bordados cuya culpa recae en una tienda inglesa Ted Baker. No bastó con que al día siguiente fuese mi cumpleaños o que el precio no fuese desorbitadamente caro, la crisis es la crisis y no hay lugar para caprichos, pero en mi próxima visita a Londres buscar esa tienda con devoción y rebajas. Un mostrador lleno de teléfonos antiguos, un suelo de madera hecho a medida y unos pañuelos de bolsillo que seguirán apareciendo en mis sueños podría ser una somera descripción de éste nuevo descubrimiento.

               El paseo continua entre la arbolada fachada de Tod´s producto de Toyo Ito, que consigue crear un edificio icónico con un diseño de fachada espectacular. Frente al exquisito Dior de SANAA me hago una foto mientras un grupo de japoneses se quedan mirando, ¿será la barba, la pajarita o todo el conjunto?. Yo sigo embobado mirando ese ejercicio de sencillez de una marca cuyo lema es justamente lo contrario, quizás por eso me gustase tanto al ser capaz de decir tanto con algo aparentemente sencillo.

               Pero en éste paseo de lujo y arquitectura hay que mirar atrás y justo en sentido contrario ir en busca de un icono de resplandeciente vidrio que con sus ventanas romboidales exhibe su belleza como una caja llena de tesoros, uno no va a Tokyo y no entra a ver el edificio de Prada porque te perderías uno de los mejores tándems entre arquitectura y moda. Los arquitectos Herzog & De Meuron consiguen reflejar todo lo que Miuccia lleva años haciendo sobre la pasarela, riesgo, imaginación y buen gusto de forma que estás frente a ese edificio donde los vidrios se curvan para reflejar la luz de mil formas diferentes y que una vez dentro te hace mantener esa sensación prestando muy poca atención a una colección de zapatos masculinos que Miuccia se podría haber ahorrado, ¿son necesarias tantas tachuelas de colores para destrozar un clásico Oxford?.

               Salimos de Prada y nos encontramos con una exposición sobre la Little black jacket de Lagerfeld, el diseña, hace las fotos y consigue que una corte de guapérrimas y guapérrimos posen para él, desde la excesiva Sara Jéssica a un virtuoso violinista que bien podría pasar por modelo. Las fotos preciosas y al salir te regalan un poster, yo me quedo con Vanessa Paradise, E. con una japonesa cubierta de cuerdas.

               Después de tanto lujo nos vamos a dar un baño de realidad, pues un amigo de E. nos invitó al hanami de unos amigos en el parque Yoyogui, es decir una mezcla entre picnic y botellón que a los japoneses les gusta hacer de forma muy civilizada bajo los cerezos. Gente había muchísima, pero ni rastro de las flores del cerezo. Lo pasamos de maravilla entre las conversaciones de españoles contándonos sus experiencias viviendo en Japón y la de los japoneses, simpáticos y divertidos aunque con un inglés terrible que costaba mucho entender. Totalmente desinhibidos por el alcohol podías verlos bailar, hacer un pequeño teatro delante de la gente o volver derrotados a casa, por no hablar de la gente disfrazada. Gente vestido de rockabilly bailando para un público entregado, niñas góticas conversando en una esquina o todas esas muñequitas manga de tirabuzones imposibles y vestidos abullonados. No sabías donde mirar porque todo era sorprendente, saber que su día a día es totalmente diferente y que llegado el fin de semana se olvidan de todas sus reglas y se lanzan a la fantasía. Todo un espectáculo.

martes, 17 de abril de 2012

CRÓNICAS JAPONESAS


No es fácil buscar la forma de contar diez días en el país de el sol naciente, sobre todo cuando han conseguido impactarme tanto, quizás la manera más clara es viendo las fotografías, todo lo que captó mi atención mientras tenía en mis manos la cámara pero se quedarían muchas cosas atrás.

Un desastre el principio gracias a una huelga, miles de llamadas, cambios de planes y cuatro corazones a ritmo cardíaco sin encontrar solución. Finalmente todo se arregló de la mejor forma posible, paseando bajo la luna por Roma, un regalo que me permitió pisar por primera vez esa maravilla barroca a la que volveré pronto dispuesto a desvelar todos sus secretos. Atrás se queda el salir corriendo a Málaga, hacer que mi hermana nos llevase al aeropuerto y un vuelo interminable no apto para chicos altos, ¿porqué dejaron de dar bebidas alcohólicas en los aviones?, un par de gintonics me habrían venido bien para dormir. Todo se olvida al tocar el frio mármol del templo de las Vestales o cobijarte bajo la entrada de el Panteón. Repito, volveré.

               Llegas al aeropuerto y enseguida te das cuentas que no estás en un sitio cualquiera, todos son amables, intentan ayudarte, son educados, ordenados y tranquilos, aunque el inglés no es lo suyo lo que te hace sentir que sabes más inglés del que creías. Cuando llegamos a nuestro ryokan una nueva sorpresa, el abuelito que se ocupa de las reservas nos dice que la nuestra no aparece (o eso creímos entenderle), una tarjeta de crédito que no pasó, nuestras caras perplejas al vernos sin hotel y la inmediata búsqueda de uno nuevo. Mucho mejor el cambio, un hotel para ejecutivos en pleno centro de Akihabara, rodeados de aparatos electrónicos, luces y bussinesman.

               Empezando por Tokyo, una ciudad que te sorprende y que te tiene constantemente mirando a todo lo que te rodea, es una inmersión en el Japón moderno, el de las niñas vestidas de muñequitas mangas, la gente con mascarilla, videojuegos, karaoke y esa maravillosa frase que repiten constantemente cuando entras a una tienda y que soy incapaz de reproducir, aunque siga metida en mi cabeza como un mantra budista.

               La inmersión en la comida japonesa fue buena, si bien no fuimos a ningún restaurante especial, la comida allí es barata y buena y cada sitio donde hemos comido a contado una historia diferente, desde el cocinero que nos dejó embobados preparando el sushi delante nuestra a el pequeño al que fuimos en Kyoto y en el que había que atravesar toda al cocina para ir a un baño donde todo era azul, eso si la tempura estaba deliciosa.

               Sin duda uno de los momentos más impactantes fue ver un cisne al atardecer cruzando el puente de acceso al palacio imperial, como un reflejo de la pobre futura emperatriz Masako, languideciendo en uno de sus torreones por no poder darle un heredero a la casa del crisantemo. Quise hacerle una visita para intentar animarla, pero no me recibió. Supongo que estaría ocupada bordado kimonos o haciendo arreglos florales. Cosas de princesas. Otro de los momentos fue el karaoke, barroco lugar donde mis cuerdas vocales demostraron que no sirven para nada y que mejor sigo con la arquitectura porque el mundo de la canción me queda grande. Lo intentaré como geisho, a ver si hay más suerte.

En la próxima entrega más…

martes, 7 de febrero de 2012

LOS MARQUESES PASAN FRÍO


Los tiempos ya no son lo que eran y el rango abolengo ha cambiado de manos como la falsa moneda de esa conocida copla. Ahora los marqueses no van en carruaje y lo más cerca que han estado de un palacio es en alguna visita cultural, son una nuevo tribu urbana que va creciendo en ésta ciudad llena de historia al mismo ritmo que la vertiginosa cifra del paro.


Hay que ponerse en situación para hablar del tema y para eso nada mejor que el magnífico concierto para mandolina de Vivaldi, al que no sólo hay que conocer por sus cuatro estaciones sino por una obra extensa y llena de sorpresas. Así que con el batín, la música barroca y a falta de un coñac un colacao calentito que combina mejor con la ola de frío siberiano que me tiene recluido en casa.

Las circunstancias de la vida te llevan a volver a casa, lo cual ya es lo bastante traumático y sin embargo ese no es el mayor de los males, pues tienes que aguantar como si de una letra escarlata bordada en tu pecho el ser considerado persona en constante estado de laxitud. Cierto es, nada más acorde con mi imagen de poeta del XIX, tumbado en una chaise longe dirigiendo mis lánguidos ojos azules al horizonte en actitud de total recogimiento. Entonces ¿dónde se quedan las horas de trabajo sin remuneración, el inglés, el alemán, mi nueva afición por la vigorexia(en mi caso un poco de pacotilla) y la cantidad de libros amontonados en mi desordenada mesa?. Eso no cuenta.

Si alguien comenta en una soirée lo contento que debo estar al volver a casa con todas las ventajas que eso aporta al marqués de hoy en día me ofusco, no lanzo mi guante porque los duelos no se llevan y mis oportunidades de dar en el blanco son tan remotas como la de recibir la atenta llamada del marido de Elena Ochoa para que me vaya a trabajar con él a Londres y así disfrutar de los 60 años de reinado de una Elisabeth curada ya de espantos.

Si madrugas está mal, si sales está mal y si te quedas mucho peor, mientras no puedas ser un orgulloso funcionario de 9 a 3 no eres nadie, más vale contrato fijo en mano que ciento volando. Yo debo ser un pésimo cazador porque mi red sigue vacía mientras mi aristocrática apariencia aumenta como la prima de riesgo griega. Y si puedes llegar a pensar que tu vida está llena de privilegios sólo hace falta ver como al llegar a un teatro apagan la calefacción, sólo faltó que nos hicieran sentarnos en el suelo o traernos nuestra propia silla. Eso si, los marqueses entramos gratis, que para eso tenemos contactos.

Dudando entre contemplar mi colección de grabados renacentistas, hacer una visita al salón de otra marquesa o celebrar mi grandiosidad desde mi saloncito azul me despido.

martes, 31 de enero de 2012

TIENES CARA DE ARQUITECTO


En dos días he descubierto que existe una nueva raza perfectamente diferenciada del resto, puede quizás considerarse una tribu urbana perfectamente globalizada, los arquitectos. Si bien es una idea que se ha ido formando en mi cabeza desde que puse un pie en la facultad puedo decir que ha sido ahora cuando se ha manifestado de forma más nítida, pues una cosa es el universo de la facultad y otra bien distinta la realidad.


Vas al cine y quedas antes en un buffé indú cuya especialidad son las croquetas de pollo, saludas, te sientas y observas. Estamos en terreno moderno, gafapasta, jerseys a rayas y conversaciones culturetas, que siempre se agradecen. Podrían dedicarse a cualquier cosa excepto dos de los comensales, uno el recién llegado que no necesita presentación y el otro caballero de barba meticulosamente descuidada revelaba con su pose su profesión, por no hablar de su indumentaria.

Es fácil distinguirnos entre el resto pues si hay algo que nos guste sobremanera es sentirnos diferentes, quizás pensando que marcando las diferencias parecemos más interesantes, más cultos y terriblemente fascinantes. No nos engañemos hoy por hoy somos la profesión más denostada y con suerte cobramos menos que un empleado de MCDonalls., con pocos Palladios me he cruzado aunque si con muchos que se sentían maridos de Elena Ochoa.

Si bien en cuanto a indumentaria puede haber variaciones son los gestos los que revelan a un arquitecto entre la multitud. Sus poses pensativas, la manera de mirar lanzándola hacia el horizonte y su postura de intelectual, dejando caer el peso de su brazo sobre la pierna cruzada son signos inequívocos de que nos encontramos con uno de esos individuos que dedican su vida a imaginar como deben vivir los demás. El arquitecto siempre ha viajado más lejos, ha leído más libros y tiene más derecho a quejarse de las injusticias cometidas hacia su profesión. Siempre quieren arreglar el mundo con sus ideas utópicas, no suelen hablar más de la cuenta, prefieren una frase grandilocuente en el momento oportuno y siempre caminan en esa delgada línea que separa lo técnico de lo artístico.

Puedes verlos vestidos de negro, con uniforme de Adolfo Dominguez en una búsqueda de la esencia japonesa que se queda en aburrimiento español, con todos los caballitos que cierta marca americana permite si es quieres decirle al mundo lo pijo que eres o como ahora es tendencia basando su estilismo en unos zapatos de Camper, colmo de la modernidad. Los hay un poco más petardos que se atreven con la pajarita, entre los cuales me incluyo, porque por ponerme zapatos que me hagan el pie como el de un payaso me niego, sobre a esos precios.

Todo éste análisis lo pude hacer esperando en la puerta del colegio de arquitectos, donde viéndolos de lejos ya sabía quien entraría y quien pasaría de largo, desde el alemán que siempre vas descalzo a los robustos arquitectos de más de 50 claro exponente de una bonanza ya pasada. Los mayores con sus pantalones de pinzas y jersey burberrys, los jovencitos con vaqueros caídos y zapatitos camper, no hay perdida ni tan siquiera para el jovencito que espera en la puerta con sus pantalones con la vuelta dada y la cara de no haber roto un plato. Ellas llevan perlas o collares de fieltro o en casos mucho más curiosos van totalmente a juego con sus compañeros, debe ser que dos venden más que uno o que no puedes olvidarte de que eres una empresa con patas en cuya cabeza no dejan de girar conceptos, espacios y metáforas. Incluso se cuela algún pardillo con mirada perdida que seguro será el que más construya de la ciudad.

Yo sigo sin saber donde meterme, si lanzarme de lleno en el mundillo moderno, quedarme junto a los pantalones de pinzas o seguir como hasta ahora, pasando desapercibido y observando todo lo que pasa ente mis ojos. Por lo pronto voy a probar a ponerme un Kimono y achinar los ojos.

domingo, 22 de enero de 2012

UNA PIZCA DE CULTURA


Últimamente estoy peleado con la televisión, poco puedes ver cuando la enciendes y corres el riesgo de perder un buen número de neuronas sobre todo si se te ocurre ver Telecinco. Yo desde que puedo ver las series en internet prefiero verlas en mi portátil en versión original que escuchar esos doblajes que en nada se parecen al original.


El viernes mientras tomaba mi merienda con mi nuevo batín y mi poblada barba tuve a bien poner la 2 y deleitarme con un magnífico documental de El Teatro Real sobre la nueva producción que representan ahora mismo, “Iolanta y Perséfone”, dos obras poco conocidas para el público adicto a las clásicas. He tenido la suerte de asistir a la representación de El Rey Roger en el Real, otra ópera poco conocida que desató las iras de ese público que se sienten personajes de la última escena de Las Amistades Peligrosas, la high society francesa deslumbrando con sus intrigas entre los acordes de una ópera de Haendel. Patalearon, protestaron y arrugaron sus empolvadas naricitas (ellos y ellas) ante un director musical que intenta hacer evolucionar un teatro que no tiene tanta tradición como pretende y que necesita salirse del corsé de los magníficos Verdi y Puccini, que si bien me maravillan no se puede abusar de ellos. En la ópera la contemporaneidad va más lejos de los montajes minimalistas y el riesgo se agradece.

Escuchar hablar a Peter Sellars de una obra aparentemente sencilla y que a sus ojos se vuelve compleja, fascinante e intensa es todo un regalo para una tarde de Viernes. Un hombre que con sus palabras te hace meterte en la obra y sentirla en todos sus matices y que te hace querer estar ahí, aunque mi ruinosa situación económica lo hace imposible. Tiempo habrá de pasearme por los templos del bel canto, aunque no hay que engañarse, los maravillosos 50 no volverán, nunca habrá una Tosca como la de la Callas o una Norma como la de Caballé, las divas han desaparecido y la ópera ha evolucionado hacia nuevos territorios.

No me considero especial por gustarme la ópera, de hecho no soy ningún experto y simplemente me contento con disfrutarla y tener los ojos y oídos abiertos ante todo lo que me pueda hacer disfrutar. Jamás perteneceré a ese grupo de culturetas que se espantan ante un agudo que no ha sido ejecutado con maestría o que se conocen todas las versiones de una ópera ( con mi memoria de pez eso sería una tarea imposible).

Siguiendo con el día de exquisiteces me tomé la cena viendo la última cena de el Bulli, la gran revolución mediática de la cocina, que pese a la transmutación del arte de los fogones en laboratorio de película de ciencia ficción te hace ver cuanto trabajo hay detrás de esas pequeñas obras de arte. Se cierra una época para el ego-cocinero, curioso que un cocinero de éxito acabe cerrando su restaurante porque es incapaz de colmar las expectativas de un mundo que lo subió a un pedernal. Nunca cenaré allí, pero sin duda habría disfrutado con esos platos que se convertían en un juego para el comensal, pues más allá de llenar el estómago con comida hay momentos en los que merece la pena experimentar. No soy esclavo de las tendencias y una simple barra de pan puede hacerme suspirar, por no hablar de un trozo de tarta, pero como abanderado del diseño hay que saber valorar las ideas de alguien que va por delante de su tiempo.

Para terminar nada mejor que un psicotriller, el documental El Pollo, el Pez y el Cangrejo Real, el intenso camino del campeón de España, Jesús Almagro por ganar el concurso Bocusse d´Or. Verlo sufrir en busca del plato perfecto rodeado de los mejores cocineros ayudándole o competir como si de un reality se tratase con chinos, noruegos y franceses no tiene precio. La tensión iba creciendo por momentos ante la preparación de los tres platos, el pollo francés, el pescado insulso y el complicado cangrejo. Al final como era de esperar contando con un jurado casi francés y de edades avanzadas el español quedó relegado a los últimos puestos. Curioso ver como nuestra cocina está entre las primeras pero dentro del corsé del señor Bocusse somos de los peores. El cocinero con una cara de bueno tremenda se fue a casa con la decepción de no haber ganado, pero seguro que pronto su restaurante estará entre los primeros.

Así que yo en vez de perderme con Gran hermano o alguna serie españolas de las que tienden a inventarse la historia entre decorados de medio pelo yo me rendí a los brazos de una tarde de lo más cultural. No fue sentado en un palco o ante una mesa exquisitamente montada, pero como decían en una película de Billy Wilder “nadie es perfecto”.

domingo, 15 de enero de 2012

LA BAYADÈRE

Visto que mi éxito en las rebajas ha sido nulo y ante capital suficiente como para destinar mis eurillos a la compra de acciones decidí invertir en algo que realmente vale, la cultura. La tentación era enorme, ver éste magnífico ballet y volver a Sevilla, así que sin pensármelo dos veces cogí mi americana y mis prismáticos de ópera y me fui rumbo a la ciudad de mis azarosos años de estudiante.
Como aperitivo a tan estupenda noche tuve a dos personas a las que quiero mucho y que en Mayo veré casarse, eso si novatos en el mundo de ballet por lo que la presión era enorme aunque disfrutaron tanto como yo. Ésta vez nos sentamos en paraiso, en la última fila aunque es de agradecer la estupenda visibilidad del teatro y la utilidad de mis pequeños prismáticos que me permitieron ver la magnífica linea de Arabésque de la bailarina que interpretaba a la pérfida princesa o la altura de los saltos de un guerrero que aportó una gran calidad al evento.
Estuvimos sentados en lugares separados por lo que a mi derecha tenía a una adicta a la blackberry, la cual demostrando el grán interés que tenía la obra no tardaba ni medio segundo en hacer sus dedos volar mandando mensajes en ese infame invento que es el wasup, terminaban los bailarines en posición a la espera de los aplausos y la niña sacaba su telefonito supongo que para contarle a alguna amiga lo deseosa que estaba de salir del teatro para irse todas de botellón. Preciosa acompañante si no decidía mirar a mi izquierda, pues una señora decidida en convertirse en intrépida paparazzi no paraba de grabar con su camarita de 60 euros de Carrefour un espectáculo en el cual se pedía expresamente no grabar ni hacer fotografías.
Ante tan alentador panorama, muy alejado de los tiempos en los que me sentaba en butaca y acababa axfixiado por el visón de la señora sentada a mi lado, nos fuimos en el intermedio raudos y veloces al bar, donde una copita de vino y una media noche nos hizo hablar sin parar de cómo íbamos a imitar a los bailarines cuando saliésemos. Impagable oir a mi amiga decir que ella estaba dispuesta a hacer un espaguetti (alias espagat) o un fouetté, si nos descuidamos desbanca a Tamara Rojo en el Royal Ballet.
El acto del mundo de las sombras fue maravilloso, si bien en el primero el cuerpo de baile daba muestras de poca coordinación en éste verlas bajar por la rampa en posición fue toda una delicia. En el siguiente entreacto bajamos al bar pricipal donde la crisis se notaba por la fácil que fue conseguir una copa, no hubo cava ésta vez pero creo que en Madame Butterfly no nos privaremos. Ésta temporada pocos visones, mucha perla falsa y como siempre que se representa ballet muchas niñitas que dan sus primeros pasos en el mundillo pero que acabaron la mayoría durmiendo sobre su butaca, aunque las más despiertas no dudaban en explicar a sus padres cada movimiento.
Tras disfrutar con el ballet nos fuimos a cenar a un sitio bastante recomendable que supo mezclar la vanguardia con lo tradicional yq ue terminó con una ronda de postres que hizo brillar mis ojos de goloso, si la creme broulé de citronella fue una delicia, la copa de tres chocolates una locura.
Volver a Sevilla es siempre un placer y si lo haces para ver a amigos tan estupendos mucho mejor, así que en Junio no me perderé los desamores de Madame Butterfly, porque la economía no me da para disfrutar de la locura de Lucía di Lammermor.

domingo, 8 de enero de 2012

QUERIDOS REYES MAGOS

QUERIDOS REYES MAGOS


Me llena de orgullo y satisfacción daros las gracias por tan hermosos presentes, pues en día de Reyes terminó de forma muy distinta a como empezó y algo me hace pensar que no fui un niño bueno después de todo.

Nada que ver con el principio, frente a un trozo de roscón de reyes y junto a una sonrisa que como la mía se tornó como la de un niño ante el intercambio de regalos, sin duda una de las cosas más bonitas de un día cómo éste, en el que nos volvemos niños mientras carrozas de mil colores pasean por la ciudad llenándola de caramelos, si es que tienes suerte de tener una cabalgata en condiciones. No podemos evitarlo y la ilusión nos llena cuando se acerca el 5 de Enero.

Tras ver pasar una cabalgata descolorida, en la que se hacía apología de lo tradicional con carrozas religiosas, que pese a tener su sentido en estas fechas pierde toda su gracia al ver a un grupo de niños mustios que en vez de tirar caramelos y regalos que comportaban como estatuas ante la mirada de niños ilusionados con sus caras encendidas ante la mirada de sus reyes magos. Pronto pasaron y acabamos en una cafetería-restaurante-bar, de concepto demasiado adelantado para la ciudad califal pero que ofrece un ambiente agradable donde tomar un trozo de roscón o una tarta de zanahoria a las 11 de la noche.

Abrir regalos siempre es una experiencia fantástica, volvemos a la inocencia y la expectación por ver que es lo que se esconde tras un papel morado cubierto de purpurina y descubrir un fantástico libro de tartas y una preciosa pala color azul, con lo que será el principio de una colección de objetos dignos de las mejores recepciones. Podré competir con el saber hacer de Isabel Preysler, aunque sin bombones dorados, mucho mejor con una tarta recién hecha.

No fueron los únicos pues como buen niño madrugué para ver que había bajo el árbol y recibí otra grata sorpresa, mañana de reyes acompañada de una orgía de roscón de reyes en todas sus versiones, crema, nata y chocolate.

Pero como bien dije no acabó bien el día, pues si bien disfruté durante la mañana la noche se volvió dura gracias a un malestar estomacal que me tuvo despierto toda la noche y me hizo vomitar sin parar. Fue a la mañana siguiente, al despertarme temprano para llevar el coche a la ITV donde me llevé otra sorpresa pues mi coche no sólo no la pasó sino que tuvo que quedarse en el taller por lo que mi deseada visita a Sevilla ha tenido que postergarse y seguramente el dinero recibido será empleado en volver a arreglar un tubo de escape que desde mis paseos camino de Melero anda dando problemas.

Por eso mis queridos Reyes Magos os pido que el año que viene dejéis la mala leche para otro y tengáis a bien darme algo de ayuda para desmontar el árbol navideño, que vuelve a su caja hasta el año que viene.

PD: si es posible haced que el primer día de rebajas desaparezca, con esa horda de gente inundando las tiendas, esas familias que salen a comprar en chándal y esas rebajas de un triste 15% con la que pretenden vender algo una marca de un pato que copia a un ganso.