lunes, 20 de diciembre de 2010

Un día TATE

Ya tengo una nueva pajarita en mi colección, recién llegada del paraiso dol gentelman, Londres. No es una pajarita cualquiera puesto que es un regalo especial. Con ella he recorrido las calles de la ciudad sintiéndome por momento un personaje de una novela de Jane Austin, aunque ella prefiriese el campo inglés, lleno de prados y templetes, frente al bullicio de una ciudad que nunca descansa.
Allí se siente la navidad y eso que no puedo caracterizarme por tener un espíritu navideño muy desarrollado. Los escaparates se engalanan, los villancicos salen a la calle y las luces brillan más que nunca. Sin olvidar un frío tremendo que tuve que apaciguar con un maravilloso gorro digno de aparecer en Doctor Zhivago y algún que otro capuccino para beber mientras paseaba.
Hay un instante que no podré olvidar de mi visita es la sonrisa de una dama inglesa en el ascensor de la Tate modern. No puedo decir que fuese vestida como una duquesa, pero realmente hablaba como tal. En un precioso inglés me dijo que iba muy elegante y que su marido también solía llevar pajarita, ese día yo estrenaba una maravillosa pajarita que me habían regalado el día anterior. Con una preciosa sonrisa me preguntó si había visitado la exposición de Gauguin y yo le contesté en el mejor inglés que supe que no la había visto pero que tenía intención de verla al día siguiente, entonces ella poseida por la magnificencia del pintor me contó lo maravilloso de sus colores y como le fascinaba el pintor. Yo no pude estar mas de acuerdo con ella, su pintura consigue transportarme a otros lugares donde las formas bailan y se llenan de color.
No fue la única emoción del viaje, los ingleses tienen la suerte de haber sido unos magníficos expoliadores, prueba de ello es el fascinante conjunto de esculturas que formaban el friso del Partenón ateninese. Sin palabras me quedé al ver semejante maravilla, fue uno de esos momentos en los que pese a estar rodeado de una cantidad ingente de turistas me sentí totalmente sólo frente a esas esculturas. Todavía si cierro los ojos puedo sentir esa semipenumbra bañando los pliegues del mármol.
Mucho me queda por ver de la ciudad pero se que volveré pronto y ésta vez Tamara bailará para mi!!!

2 comentarios:

  1. Envidia sana he sentido por el viaje, jejeje.

    Lo de "magníficos expoliadores" me ha encantao. Parece un elogio y un insulto a la vez. Y en el fondo lo mismo lo es...

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Preciosa ciudad, preciosa entrada, y seguro que preciosa pajarita...

    ResponderEliminar