domingo, 29 de mayo de 2011
EL HOMBRE DE LAS 10000 LIBRAS DE RENTA
Tarde de Domingo, perfecta para perderse en brazos de los verdes campos ingleses donde pasean señoritas estilo imperio en busca de caballeros de poderosas rentas que las saquen de la tediosa vida de la dama sin recursos. Son en éste caso los hombres los que pasan a ser objetos, más aun, son el zorro que todas quieren cazar ataviadas con sus preciosos trajes de amazona.
Hoy en día las damas ya no usan trajes de blanca muselina y no ajustan a su rostro el sombrero con una cinta de raso, ahora son las copias descaradas de las grandes marcas que nos regala Zara las que visten a éstas mujeres que ya no necesitan un caballero pues disponen de sus propias rentas. Atrás queda el tiempo en el que dibujar, cantar o diseñar muebles se consideraba elegante en la educación de una señorita, cuando tras su abanico escondía pícaramente una sonrisa destinada al caballero que pretendía sus favores. Un universo con piezas de Beethoven que flotaban entre mansiones campestres y cuyas miradas se escapaban entre pórticos de aires neoclásicos hasta los prados de Devonshire o Herefordshire.
Los matrimonios ya no son sólo por dinero y no son las avispadas madres las que se encargan de encontrar un buen partido para sus hermosas hijas sin dote. Yo sin dote y sin ganas de casarme estoy de maravilla, aunque cuando uno se mete en el universo de Jane Austen no le queda más remedio que sentirse como un caballero con una renta de 10000 Libras, que puesto a soñar mejor hacerlo a lo grande, con una mansión campestre rodeada de jardines, un batín de seda y una colección de antigüedades traídas de mis viajes por el mundo, esperando a ser cazado en breve.
Recordando éstas maravillosas novelas es imposible no sacar el juego de Té de China y sentarse junto a la ventana a disfrutar de un Earl Grey, mientras las nubes se pasean delante de mis ojos o bien salir a pasear bajo los floridos magnolios que ya entrando Junio nos regala la belleza de sus flores. Son tardes en las que uno se sienta a escribir con esa antigua pluma que rescaté hace tiempo de una caja llena de trastos. Los Domingos uno se permite el soñar con paisajes no vividos y tomarse el día con calma, dedicándolo a uno mismo, si es que como es mi caso, no se tienen planes.
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