lunes, 7 de febrero de 2011

LOS LUNES AL SOL

Cito el título de la película, aunque debería decir the Mondays in the sun, porque si bien he pasado a engrosar la increible lista de parados españoles yo los lunes los empiezo con mis clases de inglés.
Cada lunes me levanto temprano para ducharme y desayunar con tranquilidad, atrás quedaron los días en los que el desayuno era un lujo a tomar entre clases o un tiempo de descanso en la empresa en la que trabajaba. Gracias a mi posh machine, alias nesspreso, despierto con el olor del café inundando la cocina, con el pelo todavía mojado después de la ducha y sin acabar de decidirme si ese día llevaré gorra o no.
Al llegar a clase me encuentro con mis compañeros, tres alumnos más que se encuentran en la misma situación que yo, ante la crisis nada mejor que perfeccionar el inglés por si Ángela Merkel decide llamar a mi puerta y mandarme a Berlín a restaurar edificios de la zona Este. En el preciso instante en el que entro por esa puerta, el buenos dias que me acompaña cada mañana se convierte en un good morning y de pronto me transmuto en una especie de Tarzán humano que tiene que pensar mucho antes de decir lo que piensa pues las palabras acuden a mi boca con mucha más lentitud que cuando me expreso en mi lengua materna.
Hoy he estrenado profesor, un londinense vivaracho con cierto aire a Bridget Jones, no por sus rosadas mejillas, sino más bien por ese aire de desastre andante que todo lo arregla con una sonrisa. En uno de los ejercicios de la clase teníamos que hablar de las cosas importantes de nuestro día a día y a mi me tocó explicar porqué la fotografía ocupaba una parte importante. A priori es muy sencillo, a través del objetivo miro las cosas desde una nueva perspectiva y al fotografiarlas expreso una parte de mi. Fotografío los detalles porque revelan instantes que pasan desapercibidos y me permite fijar la atención en cosas en principio nada llamativas.
Intentad explicar eso en inglés sin parecer un niño de los que participan en el programa de Juan y Medio...
Cuando vuelvo a casa me doy el gustazo de sentarme al sol a leer mi libro de jardines mientras escucho a Beethoven.
No hay Lord sin jardín...

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