viernes, 18 de febrero de 2011

UN BAÑO DE CULTURA

Madrid ofrece siempre muchas posibilidades a todas las personas que visitan la ciudad, sobre todo si se desvían de los circuitos típicos de los turistas. El pasado fin de semana comenzó paseando por Serrano, cuna de la frivolidad madrileña.
Pasear por esas calles supone un ejercicio de observación tremendo, pues cada detalle puede dirigirte hasta un fabuloso descubrimiento. La remodelada calle Serrano es cuna de visones y cardados, de perros llevando abriguitos y turistas extranjeros dispuestos a vaciar tiendas en las que no soy capaz de entrar por miedo a enamorarme de alguna prenda imposible para mi presupuesto, por ahora me queda soñar ya vendrán tiempos mejores.
Es gratificante pasear por esa zona, ya que pese a que estás rodeado de artículos maravillosos y excesivamente caros, te das cuenta de lo afortunado que eres teniendo las cosas importantes y que todo eso no es más que un decorado que como mucho aporta un poco de color a la vida.
La mañana se planteaba llena de compras, obviamente en Serrano poco iba a comprar, pero luego iba a seguir por Fuencarral, paraiso de los trendsetters ávidos de nuevas tendencias. Por lo tanto decidí aparcar mi imagen de señorito y convertirme en carne de The Sartorialist, con mi shopping bag en mano y mis wayfarer de carey. Llegó la hora de comer y no había comprado nada, aunque mis ojos se prendaron de una pajarita principe de gales, que algún día será mia.
El segundo intento por hacer mis compras lo hice en Las Rozas, pero salí de allí con el rabo entre las piernas despues de ver como me "robaron" un abrigo. Siempre me pasa lo mismo por indeciso, después de dar una vuelta por las tiendas decidí volver a por el abrigo y ya lo habían vendido.
Después de tanta compra nada mejor que lanzarse de cabeza a la cultura en una ciudad que tiene tanto que ofrecer, desde la esquisitez de la mirada impresioninsta del gusto de la época por los jardines hasta lo más actual en el Reina Sofía. Entrar en ese suseo es siempre un estímulo, hay que tener puestos todos los sentidos para disfrutar de sus obras. La exposición de Hans-Peter Feldmann estupenda, enseñando como lo cotidiano se vuelve arte y sobre todo dejándo muchas ideas para la reflexión.
Tras los museos le tocó el turno al teatro y a dos obras de teatro distintas pero estupendas, la primera "Tócala otra vez Sam" era un libreto de Woody Allen, cons dos actores estupendos haciendo reir al público. Un New York divertido, lleno de neurosis y con un mensaje muy interesante sobre el amor. Y de la ciudad de los rascacielos pasamos a la húmeda y calurosa Nueva Orleans, del personaje histriónico y neurotico inspirado en el propio Woody Allen a la tremenda, intensa y desiquibrada Blanche DuBois.
Es una suerte contar con tantas obras de teatro en una sola ciudad y de tan buena calidad y "Un tranvía llamado deseo" no decepcionó. Vicky Peña llevaba todo el peso de la obra en una interpretación magnífica y llena de matices. La escenografía era capaz de llevarte al opresivo ambiente de los suburbios de la ciudad y la excesiva calefacción de la sala, hizo que el público se sintiese en mitad del verano, ¿sería parte de la ambientación?.
El fin de semana llegaba a su fin y mi maleta se iba llena de ropa nueva y mucha cultura, gracias a mi anfitrión que aguantó estoicamente tantas horas en la calle.

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