martes, 7 de febrero de 2012
LOS MARQUESES PASAN FRÍO
Los tiempos ya no son lo que eran y el rango abolengo ha cambiado de manos como la falsa moneda de esa conocida copla. Ahora los marqueses no van en carruaje y lo más cerca que han estado de un palacio es en alguna visita cultural, son una nuevo tribu urbana que va creciendo en ésta ciudad llena de historia al mismo ritmo que la vertiginosa cifra del paro.
Hay que ponerse en situación para hablar del tema y para eso nada mejor que el magnífico concierto para mandolina de Vivaldi, al que no sólo hay que conocer por sus cuatro estaciones sino por una obra extensa y llena de sorpresas. Así que con el batín, la música barroca y a falta de un coñac un colacao calentito que combina mejor con la ola de frío siberiano que me tiene recluido en casa.
Las circunstancias de la vida te llevan a volver a casa, lo cual ya es lo bastante traumático y sin embargo ese no es el mayor de los males, pues tienes que aguantar como si de una letra escarlata bordada en tu pecho el ser considerado persona en constante estado de laxitud. Cierto es, nada más acorde con mi imagen de poeta del XIX, tumbado en una chaise longe dirigiendo mis lánguidos ojos azules al horizonte en actitud de total recogimiento. Entonces ¿dónde se quedan las horas de trabajo sin remuneración, el inglés, el alemán, mi nueva afición por la vigorexia(en mi caso un poco de pacotilla) y la cantidad de libros amontonados en mi desordenada mesa?. Eso no cuenta.
Si alguien comenta en una soirée lo contento que debo estar al volver a casa con todas las ventajas que eso aporta al marqués de hoy en día me ofusco, no lanzo mi guante porque los duelos no se llevan y mis oportunidades de dar en el blanco son tan remotas como la de recibir la atenta llamada del marido de Elena Ochoa para que me vaya a trabajar con él a Londres y así disfrutar de los 60 años de reinado de una Elisabeth curada ya de espantos.
Si madrugas está mal, si sales está mal y si te quedas mucho peor, mientras no puedas ser un orgulloso funcionario de 9 a 3 no eres nadie, más vale contrato fijo en mano que ciento volando. Yo debo ser un pésimo cazador porque mi red sigue vacía mientras mi aristocrática apariencia aumenta como la prima de riesgo griega. Y si puedes llegar a pensar que tu vida está llena de privilegios sólo hace falta ver como al llegar a un teatro apagan la calefacción, sólo faltó que nos hicieran sentarnos en el suelo o traernos nuestra propia silla. Eso si, los marqueses entramos gratis, que para eso tenemos contactos.
Dudando entre contemplar mi colección de grabados renacentistas, hacer una visita al salón de otra marquesa o celebrar mi grandiosidad desde mi saloncito azul me despido.
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Decía una canción rockera valenciana: "Las infantas bailan rock... ¡Desparrame y descontrol". Pues los marquerses pasan frío...
ResponderEliminarEsperando estoy una canción de manos de ese trio delfinero formado por Bimba, Alaska y su marido.
ResponderEliminar"Los marqueses pasan frio... que se lancen al alcohol"