Caminar no es más que poner un pie delante del otro, a veces sin rumbo fijo y otras con el objetivo claramente marcado. Hoy tengo dos caminos ante mi y todavía no se si los recorreré los dos, uno o ninguno.La mañana se levanta gris y para colmo yo estoy de un gris plomo debido a una persistente tosecilla que me acerca más si cabe a cierta heroina verdiana, la cual no acabó muy bien. Por lo tanto el primer camino en éste anodino Domingo se me hace largo. Es día de llamadas, cervezas en El Salvador y capuccino en el Robles-Laredo ( por supuesto acompañado de un pastelito). El móvil sigue abandonado en la mesa, sin intención por el momento de ser usado y si recibir ninguna invitación.
El segundo camino lo tengo delante de mí, el futuro y ahora mismo se materializa en un proyecto que hay que acabar. Convertirme en un yonki de los kleenex ha alejado a mi musa, que seguro si ha recibido un sms y va ya camino del Salvador, mientras que yo rodeado de papeles y con el lápiz en la mano intento dar un paso más por ese enfangado camino.
Si te quedas parado no avanzas, así que yo empiezo a caminar, ¿alguien me acompaña?...
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