jueves, 17 de junio de 2010

Una noche en la ópera



No fue como Turandot, la soprano era floja y vi como mis arias favoritas se ahogaban tras la orquesta. La escenografía totalmente Zefirelli, pura ópera y como siempre el coro magnífico. la orquesta sonó bien, aunque se echaba de menos la batuta de Halfter.

No aplaudí a la aprendiza de diva cuyos fraseos intentaban imitar a Callas, aunque habíaalgunas damas en el teatro que merecían mas que palmas, pues su esfuerzo por parecer elegantes hicieron que mi noche fuese de lo más divertida.

Las nuevas tecnologías han invadido todo, a mi lado había una joven que no dejaba de jugar(no encuentro otra palabra para definir ese movimiento de dedos) con su móvil-juguetito de pantalla táctil. Entiendo perfectamente la necesidad de mirar el facebook cada 20 minutos, nunca sabes que nuevas noticias te va a traer ese invento cibernetico y sin duda el suyo debía estar echando humo por la cantidad de veces que lo consultó.

El intermedio es la hora de la copita de cava y con eso la oportuidad de observar con detenimiento a la fauna que allí se congrega. En esos momentos me siento como Félix Rodriguez de la Fuente, así que me dediqué a montarme mi propio documental, sobre todo al ver entrar a mi querido Antonio Burgos:

"Ahí llega el curioso ejemplar de periodistucus rancios, capaz de creerse dueño y señor de las reglas del comportamineto sevillano. Sólo él sabe como una mujer debe llevar puesta una mantilla o quien debe disfrutar de la semana santa y quien no, para él son bienvenidos aquellos que estrenan horrible corbata de Francisco Pavón y valga la redundancia se pavonenan por sillas y palcos."

¿Para cuando un artículo sobre como ir y que hacer en la ópera señor Burgos?

Un conocido diseñador, cuyo escaparate me produce pesadillas cada vez que paso por Plaza Nueva se hace acompañar de una corte de efebos que se encargan de recordarle su "buen" hacer con la aguja. ¿Cuando le van a comentar que vestir como un niñato no es muy serio?.

Dos duquesas, una enorme y otra pequeña, refiriéndome a títulos ya que ambas son de figura escueta, se deleitan con la música acompañadas de un director de orquesta capaz de emocionar con su batuta.

Señoras recién llegadas del Rocío visto su atuendo, brocados de poliester que abrazan carnes poligoneras, uniformes de niño pijo con gran fantasía de color y un adolescente vestido como un dandy. Todo eso me hace sonreir mientras mi copa de cava se vacía, aunque me falta ver pasar a los hermanos Marx...

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