Quiero ver el mundo a través de unas wayfarer, igual que Marcello miraba esa Roma de belleza incomparable, llena de fiestas, picardía y glamour, con tardes bebiendo Martini en una pequeña piazza y madrugadas de esmoquin deambulando por La Fontana di Trevi. Dejar de sentirme rojo y empezar a verlo todo de color rojo Valentino( el rojo siempre tan cercano a mi estado de ánimo). Hoy Roma me inunda y eso que no la conozco, pero no tardaré mucho en perderme en sus calles, pues si algo me apetece de esa ciudad es deambular sin rumbo huyendo de lo turístico. La recorreré con sombrero y pañuelo en la solapa, me colaré en los portales de las casas y respiraré el aroma de la ciudad eterna, tomaré un capuccino y me sentaré a ver pasar la gente.
Hoy me siento Roma después de un día de tormenta, los truenos dejan paso a la quietud de la piedra y una ventana se abre para que la mirada se pierda por los tejados...

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