viernes, 2 de diciembre de 2011

GATTI PARTY


Volver a Madrid es siempre una experiencia y ésta vez no iba a ser menos, me esperaba la inauguración de la exposición de Gatti gracias una invitación preciosa en un sobre negro con el nombre y la dirección escritos a mano dirigida a quien se ocupó de convertir esos textos en algo interesante que leer. Nos faltaron dos grandes damas, pero fuimos un grupo de lo más divertido.


No había dudas en cuanto a la pajarita, si te vas a codear con toda la modernez madrileña y la vas a mezclar con los rescoldos de una movida ya pasada, no podía pensar en otro complemento. Lo malo llega cuando te ves la cama llena de pajaritas y no sabes por cual decidirte, la indecisión es mi bandera y si no me cambié veinte veces de modelo no me cambié ninguna. No era un evento excesivamente formal por lo tanto tuve que desechar mi primera opción ya que desentonaría un poco, eso significaba que la chaqueta azul transportada desde tierras califales seguiría en su funda a la espera de una soirée más apropiada, una lástima porque estaba realmente guapo. Muchos fueron los cambios de ropa para al final decidirme por una pajarita de terciopelo verde y un atuendo con toques sport y detalles más elegantes, como el pañuelo en el bolsillo a juego en color con su corbata y los zapatos acharolados.

Entré justo cuando Pedro Almodovar hacía su aparición estelar y otros tantos invitados se marchaban apresuradamente (como la gran Topacio Fresh o Bibiana), pues esa noche había otra fiesta a la que no tuvieron el detalle de invitarme. Tras la entrada triunfal y encontrarme en una sala llena de gente, intentamos ver las obras sin dejar de mirar a todos los VIP que iban entrando. Tras la conmoción provocada por la troupe almodovariana llegaron otras sorpresas, una fue comprobar que Carmen Lomana ha conseguido a base de Botox que su sonrisa nunca se borre y su espléndida figura se vio resaltada por un precioso vestido negro, lástima que se quedase sin batería del móvil y no fuese capaz de localizar a su chofer, por suerte un amable madrileño tuvo el detalle de indicarle dónde se encontraba la puerta aunque no supo de quien se trataba al señora al entrar y contarnos la historia.

Otro de los hits de la noche fue Mario Testino, el famosísimo fotógrafo se encontraba rodeado por cámaras de televisión mientras sus tres ayudantes-modelos, pues es imposible pensar que los dos caballeros y al dama no lo fuesen dada su belleza, pululaban en torno a su jefe-dios que comentaba con la sonrisa propia de alguien que cena con Anne Wintour lo mucho que le encantaba la exposición. Mucho glamur para una fiesta que ningún moderno quiso perderse, pues nadie salvo el eterno acompañante de David Delfín estaban invitados a la fiesta de esmoquin de GQ. Pelayo y sus amigas gótico-ateas me hicieron reír en muchos momentos, que buen negocio es ser compañero de y con su estilismo sacado de una revista de tendencias y vestido de arriba debajo de grandes marcas. No fue el único, porque el despliegue de modelitos modernos daría para todo un libro de Taschen, lo podrían titular “modernitos a base de pasta y Botox”, porque los más mayorcitos hacen su particular acto con Mefistófeles a base de la toxina botulímica y los jovencitos no olvidaban sus tupés, zapatos de suela ancha, pitillos con ese aire descuidado que suelen llevar los que dedican más de tres horas a arreglarse tras una intensa tarde de compras por las mejores tiendas de Madrid. Cuánto daño ha hecho el reálity de MTV viendo como Marito se gasta 20000 euros en dos cazadoras de Balmain.

Una fiesta no es una fiesta si no aparece Bimba Bosé, enfundada en un chándal negro y acompañada de toda su prole se dispuso a recorrer una sala llena de fotos suyas para regocijo de una de sus hijas, que iba contando en cuantas fotos salía su mamá, el encantador Gatti comentó al padre de la pequeña que iba a acabar aburrida de contar las fotos en las que salía su madre, porque la exposición y cito palabras textuales “son para vos”. Increíble comentario para alguien que ha trabajado con tanta gente, pero Bimba es Bimba y algún día tendrá su propia marca de cereales. Tenemos a Bimba hasta en la sopa.

La exposición se organizaba en tres plantas, si bien la primera se dedicaba a toda la carrera de Juan Gatti y sorprendía por la cantidad de trabajos que ha realizado, las siguientes se convertían en un ego-homenaje a lo que es su último trabajo, una serie de fotografías un tanto insulsas que son incapaces de transmitir el genio de un hombre que ha hecho de su trabajo su mejor trofeo. Imposible no pararse en las invitaciones que ha diseñado o las portadas de discos de grupos famosísimos, preciosas sus portadas para Vogue Italia, arriesgadas, desprendiendo arte y con todas las supermodelos de los 90. Poder hablar con él dos minutos fue todo un regalo, fue amable y escueto, pero todo quedó en una conversación cortés en la que agradeció el trabajo de Emilio como corrector, bien merecido pues esos textos han dado muchos dolores de cabeza incluso provocaron una disputa lingüística digna de un artículo periodístico.

Los invitados con su expresión de “somos muy importantes” revoloteaban entorno al anfitrión, quien de vez en cuando iba regalando a sus íntimos el catálogo de la exposición, 5 kilos de un trabajo impresionante al módico precio de 97 euros. En mi caso no fue doloroso pagar los 97 euros, pues me lo regalaron, pero pasear los 5 kilos de Madrid a la Mancha y acabar en Córdoba fue toda una señal que me indicaba que ya era hora de apuntarme a un gimnasio. ¿Estaría pensado para esa nueva raza de hombres que mientras levantan pesas en el gimnasio conversan sobre la nueva antiarrugas de Sisheido?.

No hubo copas o aperitivos, sólo arte y un homenaje a esa expo del 92 con un vídeo imposible en lo que fue el depósito de agua, aunque no sabíamos que Gatti tenía una fiestecita privada para sus amiguitos en su estudio, a la que llegarían Alaska y su imposible marido después de recibir éste un premio con pajarita negra y piernecitas de anoréxico. Una fiestecita bien documentada por una serie de bloggers ahora en boga y que no dudan en hablar de lo exclusivos que son mientras no tardan ni quince segundos es subir las fotos a su Twitter y presumir de famoso.

Y de la movida acabamos tomando una ensaladilla infame en un barecillo typical Madrid, sin duda el mejor final para una exposición que merecía un toque castizo, aunque fue sólo el preludio de un gran fin de semana.

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